Ex dirigentes pingüinos y la toma del Instituto Nacional: “Se están disparando en los pies”

Mobiliario destruido, vidrios quebrados e incluso fecas encontró Carabineros durante el desalojo.

“Nadie puede decir que hay una toma por la mejora de la calidad de la educación cuando destruyen lo poco que tenemos”, reflexionó Julio Isamit.

L ibros quemados, mobiliario destruido, vidrios rotos, paredes rayadas, restos de un amago de incendio y hasta heces en el suelo de uno de los camarines encontró Carabineros la madrugada de este viernes mientras desalojaba, por tercera vez en el año, el Instituto Nacional. La movilización comenzó a principios de junio y entre desocupaciones y retomas, los estudiantes, a la fecha, ya suman 15 días de clases perdidos.

“Vimos profesores llorando esta mañana”, lamentó el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri, sostenedor del establecimiento. “Decían que destrozos así no se habían visto nunca”, relató.

El jefe comunal dijo que es el único colegio que se mantiene en toma y que “vamos a seguir con la política del rompe-paga… Vamos a iniciar acciones legales”.

Incluso podría cancelarse la matrícula a un grupo de 10 a 15 alumnos por los daños ocasionados en la toma, complementó Juan Abarca, subdirector de educación del municipio de Santiago.

El desalojo se efectúo cerca de las seis de la mañana y pasadas las 8 el colegio fue retomado. Sin embargo, durante la jornada, gracias a la oposición del profesorado y a la presencia de los apoderados -quienes acompañaron a sus hijos a las aulas-, se logró llevar a cabo las clases.

Desde el Centro de Alumnos insisten en que la toma fue votada democráticamente e incluso justificaron los destrozos. “Hay animales dentro del colegio, hay perros”, dijo Antonio Del Pozo, presidente del Centro de Alumnos en alusión a las fecas. “Son daños menores que han sido magnificados (…) Siempre hay un margen de error en los controles de la tomas”, afirmó.

Sin embargo, para los dirigentes estudiantiles que lideraron la revolución pingüina el 2006, nada justifica la destrucción de la infraestructura de un liceo.

“Es muy triste ver lo que está pasando en el Instituto Nacional, las tomas dejaron de ser un mecanismo para luchar por una educación mejor”, opinóJulio Isamit , en ese entonces secretario ejecutivo del centro de alumnos del Instituto Nacional.

“Se están disparando en los pies, las tomas han perjudicado al Instituto Nacional con la perdida de clases (…) Lo que vimos está semana es la gota que rebalsó el vaso, nadie puede decir que hay una toma por la mejora de la calidad de la educación cuando queman libros y destruyen lo poco que tenemos. A eso se suman cosas vergonzosas como las heces”, agregó.

Para Karina Delfino , ex presidenta del Liceo Javiera Carrera, el movimiento estudiantil tiene que buscar formas novedosas de plantear sus demandas. “En el 2006 una de las premisas era cuidar los espacio públicos y en particular nuestro colegio, no la destrucción. Por eso ganó tanta fuerza el movimiento, porque era una manifestación distinta al resto y sin destrozos”, apuntó.

Daniel Gedda , ex presidente de la Federación de Estudiantes de la UC, opinó en la misma línea. “Entregar un establecimiento en malas condiciones solamente contribuye a deslegitimar las mismas situaciones o diagnósticos de fondo que están levantando los estudiantes”.

El ex vocero de la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (CONES), José Corona , coincidió. “La toma debería ser el último recurso a la hora de ejercer presión, no la primera medida”.

Fuente: www.lun.cl