Compartimos el fondo, NO la forma

El 2006 marcó un capítulo en la agenda nacional cuando miles de escolares se unieron para protestar por una educación de calidad, gratuita y el fin del lucro.

Esa gesta se conoció como la “Revolución de los Pinguinos”, dejando en jaque a la Presidenta Michelle Bachelet.

Han pasado 10 años y las cosas raya para la suma: siguen un poco mejor, pero faltan elementos esenciales como son mejorar la calidad de los profesores, mejorar la calidad de infraestructura y por cierto la calidad en la forma en que se imparten los contenidos.

Como padres vemos que las autoridades han puesto el foco más en que nada en atacar el lucro (lo que no es malo) y en tratar de cumplir una promesa de entregar gratuidad universal. Lo que nos preguntamos es: Y cuando se conversará de la CALIDAD?

Mientras estas discusiones se realizan, vemos que diversos estamentos de la sociedad civil se agrupan y manifiestan haciendo uso de su completo derecho a expresar su parecer respecto a medidas que no sólo los afectarán a ellos, sino que a un gran porcentaje de la población.

Lo preocupante es que muchas veces este dialogo que debiera darse en un marco de respeto, abunda en amenazas, medidas de presión, tomas, paros que en un 90% terminan con desordenes, vandalismo y heridos que lo único que hace es desviar el foco de lo relevante.

Como padres no estamos de acuerdo con la manera en que el CAIN ocupa su espacio estamental para lograr sus objetivos. Si ellos declaran que su vocación es política, perfecto, que lo hagan en espacios como los partidos políticos, pero que no mezclen peras con manzanas. Las actitudes totalitarias del CAIN son contraproducentes para un símbolo como lo es el Instituto Nacional.

A lo largo de la historia aparecen grandes líderes que sólo con la fuerza de sus ideas han logrado cambiar los destinos de millones: Gandhi, el Dr. Martin Luther King o Mandela son claros ejemplos donde el respeto, tolerancia y empatía por el adversario los catapultaron a lo más alto de la historia.