[COLUMNA] TOMA: ¿LA DEMOCRACIA DE UNA MINORÍA?

A continuación transcribimos la columna de opinión de dos alumnos del Instituto Nacional que de forma clara y contundente explican lo inoficioso que resulta una medida de presión como es la actual toma ilegal. Esta columna nos da esperanzas que lejos de partidismos que tanto mal le han hecho a este país, hay mentes claras y brillantes que dan orgullo a la tradición Institutana.

 

““Esta opinión tiene por fin realizar un análisis íntegro de la toma que se está llevando actualmente en nuestro colegio”

Partamos por analizar la toma en sí misma o, la toma como “fin”

Tomás Alfaro (2ºN) y Guillermo González (3ºJ)

Tomás Alfaro (2ºN) y Guillermo González (3ºJ)

Salta a la luz una primera característica, no es legítima, en tanto, tampoco es democrática. Si entendemos que la democracia es el gobierno de las mayorías, pero siempre con respeto a las minorías, y si es de la esencia de la toma el que esta, por ejemplo, no permite la educación (Un derecho fundamental) entonces, en conclusión, estamos atentando directamente contra una minoría, al impedirle ejercer su derecho.

Esa característica se acrecenta si consideramos, además, otro factor: Las jornadas reflexivas. Estas funcionan y cumplen su objetivo (concientizar) sólo bajo el presupuesto, de que el presidente sea capaz de hacer la jornada de manera eficiente (tenga manejo del curso, del tema, y sepa hacer llegar las ideas de su curso a CAIN). Si estos presupuestos no se cumplen: 1) La jornada no se puede realizar, y no se concientiza al estudiantado 2) Las ideas que llegan no son las que verdaderamente tiene el curso.

Las jornadas reflexivas tienen otro problema. Muchas veces llegan con las conclusiones dadas, o aceptan premisas sumamente cuestionables. Esto, si se suma a la poca experiencia del presidente o del curso, hace aún más cuestionable el resultado final de la reflexión. Pero, ¿Por qué se darían estas situaciones? Es transversal a todos los niveles el que se elijan presidentes porque nadie más quiere serlo, solo por dar un ejemplo. SI entendemos que, en el estado actual de las cosas, tenemos a un estudiantado, y a una ciudadanía, que no está realmente consciente de las demandas y las reflexiones detrás de ellas, difícil es que cambiemos esta situación a través de una jornada reflexiva. ¿Por qué es relevante todo esto? Porque nos estamos saltando un paso previo. Estamos actuando sin tener una motivación real que legitime nuestros actos.

La toma como método de movilización tiene varios problemas.

1) Está completamente normalizado. Esto implica que por su mera presencia no afecta a nadie, ya que su uso no resulta novedoso y, por lo mismo, no genera impacto social mediático.
2) En su desarrollo, en estas 3 semanas e históricamente, hay falta de acciones directas. La toma no se utiliza como medio, solo como fin, y como fin ya no es efectiva. Difícil es entender como campeonatos deportivos ejercen presión en las autoridades.
3) Transversal a esto, sigue sin haber una participación real por parte de la generalidad del alumnado, ni siquiera alcanzando a llegar a una mayoría de ellos. Históricamente, y también en esta toma, hay una baja participación por parte de los estudiantes. Documentar esta situación parece innecesario. Todos los grupos políticos dentro del colegio parecen admitirlo. De hecho, eso se ve expresado en el que pareciera sumamente normal, en el último codecu, que la participación de la toma por día fuera, en promedio, de 400 personas. Y queda aún más claro, cuando la resolución de ese CoDeCu es establecer un quórum de asistencia que contempla la participación mínima de menos de 200 personas al día. Resultando esto un nuevo ejemplo de pérdida de legitimidad, y una traba a la organización de una toma representativa con actividades varias.

La justificación ideológica de la toma del nacional está en su petitorio.

Este es, en primer lugar, ambiguo. No plantea propuestas claras y solo se queda en la mera enunciación de consignas. Hasta este punto, estamos a merced de las interpretaciones que los externos le den nuestras demandas, puesto que, si no somos claros, estas se pueden responder de múltiples formas que difícilmente serán satisfactorias. Situación, que también se ha dado históricamente.

En segundo lugar, este petitorio es contradictorio o, derechamente, malo. En múltiples puntos sus demandas son cuestionables. Pedimos, por ejemplo, una prueba estandarizada por carrera como forma de ingreso a la universidad, cuando precisamente la principal crítica que se hace a la PSU es su carácter estandarizado. Solo perpetuamos la estandarización y un método de selección que no considera las realidades y particularidades de los postulantes. Otro ejemplo, podría ser nuestra demanda de destinar aportes de la ley reservada del cobre. Partiendo porque, legislativamente, lograr un cambio de esta ley ya es difícil, el cobre como mineral fluctúa enormemente e, históricamente, para Chile, ha ido a la baja. Teniendo la posibilidad de fijar los recursos de la educación en múltiples otros minerales, como el litio, nos fijamos en el peor de ellos. Este análisis puede extenderse a muchos otros de los temas planteados.

Otro de los problemas que tiene esta toma, respecto a legitimidad, es su condición de indefinida. Es imposible que nos conste que quienes votaron en el último codecu (Para hacerla indefinida en base a un quórum) hayan sido efectivamente presidentes y delegados. Esto se vuelve más grave, cuando el resultado de la votación de quórum por asistencia en primer lugar tenía por ganadora a la opción 2 (1500 personas), y posteriormente se agregan dos votos que cambian el resultado. Y aunque incluso los participantes efectivamente hayan sido representantes, parece una posibilidad a considerar el que estos no hayan preguntado en sus cursos por la opinión de sus compañeros. Más aún entendiendo que la opinión de 45 personas no se mantiene constantes luego de semanas de un proceso de movilización y de contingencia política.

Y eso solo respecto a la práctica bajo la cual se decidió el hacerla indefinida. Ratificarla semanalmente, en base a un quórum de asistencia, no hace más que hacer más infructífera las instancias de diálogo, y alargar un método contradictorio, poco funcional y antidemocrático. En ese sentido, las instancias de diálogo que ya contaban con un apoyo reducido, hoy no hacen más que disminuir la brecha de participación, en tanto, individuos que están en contra de la forma de movilización tienen que acceder al espacio, validando así el método, para poder hacer prevalecer su descontento. Práctica que en sí misma carente de sentido y de funcionalidad. Es también, otro problema, el hecho de establecer criterios tan burdos para una ratificación en base al quórum. En ese sentido, hoy pueden revalidar nuestras movilizaciones individuos ajenos al alumnado, o un alumno siete veces seguidas. Basta solo la presencia de un grupo particular de estudiantes, para que esta se mantenga adelante. Es por tanto, que se sigue manteniendo un método ya reprochado en base a minorías y en desmedro del resto del estudiantado.

Aún si dicho lo anterior, se entendiese de mala forma que cualquier instancia revolucionaria necesita de una minoría para encauzar al resto (opinión bastante común en nuestras instancias de organización). Hace falta entender que hoy esa minoría que ratifica la toma semana a semana, encauza un movimiento infructífero, justificado en ideales que nada nos garantiza que estén bien. De hecho, tenemos razones para creer lo contrario, más aún, luego de todo lo expuesto. Es necesario entender que estas minorías, mal denominadas iluminadas, ya no sostienen un método que asegure resultados, sino todo lo contrario. Si el alumnado está dispuesto a movilizarse, entonces ¿por qué se hace necesario tomarse los espacios?

Consideremos ahora, las consecuencias negativas de la toma. 1) Perdemos clases 2) Se atenta contra los recursos del colegio 3) No es democrática 4) Tensa el ambiente escolar (Entre otras). Todas estas consecuencias son contrarias a los objetivos que perseguimos como movimiento. Pedimos mejores clases, más recursos, y la construcción de un buen ambiente escolar, donde haya participación democrática. Pero la toma como método atenta contra todo esto, cayendo entonces en una contradicción.

Más allá de perder clases, lo que en teoría se puede recuperar, la relevancia de esta pérdida no es solo formal, sino de contenidos. En la medida en que las pérdidas de clases se vuelven lo suficientemente grandes en un año, dentro del mismo es imposible recuperarla, por lo que hay contenidos que se van acumulando en años posteriores o derechamente terminan sin pasarse. Esto ha implicado que los institutanos, mucho más que en años anteriores, dependan excesivamente de los preuniversitarios, y por lo tanto, haciéndolos más dependientes del mercado en la educación (que tanto se rechaza). Estos contenidos no son sólo para la PSU (donde el nivel del colegio efectivamente ha tenido una baja desde el inicio de las movilizaciones, perdiendo incluso su histórico primer puesto entre los municipales del país), sino también como herramientas para hacer los cambios que se pretenden, no pidiéndole a otros que lo hagan, sino haciéndolos nosotros mismos.

En cuanto a la tensión del ambiente, en años anteriores, existió un preuniversitario del Instituto, donde las generaciones pasadas pudieron prepararse para la psu fuera del mercado establecido, y obteniendo excelentes resultados (entre ellos, varios puntajes nacionales). Este preuniversitario se nutría de profesores que muchas veces no recibían sueldo a tiempo (a veces pasaban meses sin recibirlo), pero trabajaban para el estudiantado porque eso era un trabajo conjunto por el progreso de la comunidad estudiantil. En la toma ni siquiera se le pide la opinión a los profesores. Actualmente quedan pocos rastros de esa unidad pasada e instancias tan provechosas como esa, o los años en que profesores y estudiantes del Nacional marcharon juntos por la educación, serían difícilmente replicables, y en gran parte es por nuestra culpa.

Entendemos que es imposible lograr cambios sin sacrificios, pero no se justifica realizar sacrificios en pos de un método que, según lo planteado, no nos permite lograr los cambios, o hace muy difícil alcanzarlos.

El sacrificio es innecesario o, en el peor de los casos, en vano.-

https://primerfoco.cl/2016/06/21/columna-toma-la-democracia-de-una-minoria/